Multitudes ambientalistas. Las luchas de los afectados por la sojización transgénica
Cecilia Carrizo y Mauricio Berger

Las luchas de los afectados visibilizan el sesgo sistemático del estado, la no actuación de un poder de policía legislativo y administrativo que, mediante leyes y recursos institucionales, imponga límites y sanciones a las fumigaciones que afectan a la salud de la población. También visibilizan la inefectividad de un sistema de salud para ejercer la vigilancia y garantizar la asistencia a los afectados, con infraestructura, procedimientos administrativos y protocolos de intervención profesional para casos de malformaciones, plaguicidas en la sangre de niños, entre otros. Tal vez, como pocos, el clamor de los afectados alerta a la población sobre la urgencia de la auto organización para la defensa de derechos y la realización de la justicia ante la impunidad de agroproductores y funcionarios públicos.
Desarrollando una perspectiva pragmática en nuestra práctica de investigación sobre derechos e instituciones democráticas, venimos acompañando a los afectados por el proceso de sojización transgénico en la provincia de Córdoba, Argentina.
Hemos conceptualizado a sus experiencias de ejercicio y defensa de derechos, como de iteración democrática (Benhabib, 2005), en tanto instituyen/destituyen reglas y autoridades de la administración del estado, resignifican el sentido de justicia instituido y los mismos derechos en el ejercicio de la autonomía individual y pública. También recuperamos para el análisis la noción de multitudes como posibilitadora de la comprensión de los diversos sentidos de justicia que generan las prácticas políticas en lucha con los representantes corporativos y políticos del modelo agrotecnológico, ni homogéneos ni reductibles al sistema oficial de autoridad, sino generadores de espacios públicos críticos.
Presentamos entonces una sintética reconstrucción de las experiencias de las ciudades de Oncativo San Francisco en la Provincia de Córdoba y de Barrio Ituzaingó Anexo de la ciudad de Córdoba Capital. La visualización de sus posibilidades y límites pretende contribuir a su valorización y a la reflexión sobre los concretos escenarios políticos de la agricultura en el siglo XXI.
Agrupación Voz Ciudadana por la Salud y el Ambiente, San Francisco: posibilidades de realización del principio precautorio
“ahí te das cuenta que el derecho ambiental nada,
que ponen arriba de todo el derecho a la producción…” (2)
La difusión del paquete tecnológico que se utiliza para la siembra directa de la soja fue cambiando el paisaje de pueblos y ciudades en Argentina desde 1996. Alrededor del 2000, la población de las zonas periurbanas comenzó a padecer problemas de salud y a vincularlos con los agroquímicos gracias a la circulación de experiencias, estudios médicos y aportes de solidaridades ambientalistas por internet. En este marco, la experiencia de San Francisco enfrenta una decidida acción en torno al Municipio para el logro de una ordenanza que prohíba el uso de agroquímicos en la zonas aledañas a la población. “No podemos quedar al margen siempre tirando panfletos a la intendencia, no podemos estar siempre peleando y gritando, sí o sí necesitábamos la conexión con las instituciones porque lo que pretendíamos tenía que cristalizarse en una ley”.
En su organización, los ciudadan@s identificaron el marco institucional existente y sus falencias. Los fundamentos de la ley provincial de agroquímicos reconocían la existencia de problemas de salud en la población a raíz del uso de estas sustancias, sin embargo la ley no establecía ninguna limitación a su uso en las zonas cercanas a poblaciones. También observaron que si bien la ley establecía algunas prohibiciones en cuanto al uso de productos de las distintas clases toxicológicas era confusa respecto a su posible dilución en agua. El objetivo de la agrupación, “lograr que se acaben las fumigaciones en los alrededores de la ciudad”, fue definido con atención a fin de evitar antagonismos con la población y lograr la cohesión del grupo, de igual modo las alternativas a seguir. La presentación de un recurso de amparo a la justicia fue rechazada ya que se consideró que el tema ambiental no era ni es prioritario para la administración de justicia provincial, la situación pasaba a manos de un juez perdiendo protagonismo el grupo y, finalmente, se evaluaba como muy grave un fallo en contra: “El grupo opta entonces por la vía del reclamo de una ordenanza, considerando que tenía más posibilidades de éxito”.
La caracterización de la sociedad de San Francisco que realiza el grupo para definir su estrategia identifica: alta resistencia a los cambios, individualismo, gran influencia de la Sociedad Rural y la Iglesia, economía muy ligada a la producción agropecuaria y en especial a la soja. “Decíamos, cómo entrar? olvidémonos de las ideologías, había gente de todo tipo de ideologías, de todos los sectores sociales. Hablemos del tema de la salud, hablemos de eso, no metamos el tema de la soja”. Se decidieron como normas de funcionamiento: que el reclamo se fundaría en el derecho a la salud y a la vida, se exigiría la aplicación del principio precautorio, los reclamos se harían dentro de un marco de respeto por las instituciones, las personas y los bienes, no se admitiría involucrar al grupo en ninguna actividad de tipo político partidaria y no se exhibiría a los enfermos ni se darían datos personales de las personas afectadas. Las acciones se dirigieron a hacer público el tema, dando visibilidad a las posiciones de reconocidos científicos, acudiendo a las organizaciones profesionales y educativas. Internet fue una herramienta clave, tanto para la consulta como para la difusión. Frente a la propuesta de conformar una mesa de diálogo con actores sociales, corporativos y estatales, la respuesta fue contundente, la salud de los hijos no se negocia.
En este escenario de debate público, el municipio les asigna a los productores agropecuarios un lugar preponderante en los espacios que organiza: “los campos afectados eran 20 (aledaños a la población), ahí había 150 agropecuarios y nosotros seríamos 10, les habían avisado con días de anticipación, a nosotros con 20 minutos”(3) . Entre las acciones de la Sociedad Rural pueden mencionarse: una campaña por los medios de comunicación en la cual los sanatorios afirman que no habían atendido casos relacionados a fumigaciones, desmentida por los directivos que llegan a afirmar la falsificación de las firmas; otra de las acciones fue la amenaza judicial a los Concejales que votaran el proyecto de ordenanza, argumentando que la restricción afectaba su derecho al trabajo.
A pesar de estas resistencias, la Ordenanza fue aprobada en el 2006, constituyendo una de las primeras en el país en crear una zona de resguardo ambiental en la que se prohíbe la utilización en toda forma de cualquier tipo de producto químico o biológico de uso agropecuario destinado a la fumigación o a la fertilización agrícola o forestal, excepto los productos debidamente autorizados para la práctica de la agricultura orgánica.
Cooperativa de Trabajo La Minga, Oncativo: recuperación de prácticas y saberes para alternativas de producción sin agrotóxicos en la zona periurbana.
La localidad de Oncativo está inmersa en la llamada “Pampa Húmeda” argentina, de la cual en la última década, el sector ganadero fue desplazado casi por completo por la agricultura extensiva de soja, trigo, y maíz. También existe en la ciudad una actividad industrial importante, de maquinarias agrícolas y agroindustrias (desactivadoras de soja, una productora de aceite y harina de soja, feedlots).
La organización “La Minga” surge originalmente como cooperativa de trabajo para dar una solución al tema de la falta de empleo. Sus integrantes reconocen por un lado el legado de los inmigrantes italianos y españoles en la zona, el principio de solidaridad que contiene el concepto de cooperativismo, un ícono en la cultura comunitaria del pueblo. Junto a esta idea, la palabra “minga” refiere al trabajo comunitario para las comunidades americanas andinas.
Los temas ambientales, y puntualmente las fumigaciones con agrotóxicos, constituyen uno de los ejes de la organización; dedicando por ello tiempo y recursos para la formación en temas de agroecología, cambios paradigmáticos, gestión de residuos peligrosos y cuestiones jurídicas. También la asociación en la lucha junto con otras organizaciones: Vía Campesina y sus organizaciones del noroeste provincial; investigadores universitarios, la Campaña nacional Paren de Fumigar, que articula a numerosos pueblos fumigados del país.
En la definición de su estrategia, la Minga también caracteriza a la sociedad de Oncativo. Según su evaluación, el 90% de la población tomó posición en favor de los productores rurales en el “conflicto del campo”(4) del año 2008: “sabíamos que sin duda tocábamos algunos intereses y eso nos afectaba en lo laboral y no podemos trastocar la fuente de trabajo, por ahí nos han dicho que hay gente que no nos da trabajo por lo que pensamos”. Ante esta situación, la organización se planteó como objetivo lograr que se reconozca la problemática, no con la confrontación directa, sino por la vía del diálogo con las autoridades públicas y los productores rurales. Para ello procuró como estrategia la utilización de un lenguaje y argumentaciones técnicas y científicas. La insistencia de La Minga llevó al Intendente a convocar a asesores, ingenieros del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), funcionarios de la Secretaría de Agricultura del gobierno Provincial, al Organismo Regional Intermunicipal de Control, al juez de faltas, a una agrónoma de Syngenta (empresa de agroquímicos), aeroaplicadores, y los mismos productores (quienes participaron sólo del primer encuentro).
Decididos a enfrentar el problema con propuestas, elaboraron y presentaron un Proyecto de Agroproducción sin Agroquímicos, que realizaron asesorados por agrónomos de la Universidad Nacional de Córdoba. En él hacen hincapié en la nocividad del Glifosato, el agroquímico más usado en la zona y más representativo del monocultivo transgénico, aún considerado “no peligroso” por la legislación nacional. El proyecto avanza sobre técnicas de recuperación del suelo, desarrollo de alternativas productivas e incluyen tres demandas al gobierno local: a) la creación de un equipo de trabajo técnico-ambiental dentro del municipio; b) la promulgación de una ordenanza que determine una zona de 500 metros a la planta urbana con prohibición total de aplicación de agroquímicos sintéticos, cualquiera sea su categorización toxicológica y c) realizar un cinturón de árboles en la periferia de esta zona sin fumigación, para resguardar a la población de las derivas de las aplicaciones.
Los profesionales y funcionarios públicos cuestionaron todas las aproximaciones a la problemática planteadas por La Minga: “los plaguicidas son bioacumulables y biomagnificables”; “el glifosato se desactiva”, “no se puede demostrar que las enfermedades de los vecinos y trabajadores rurales son causadas por los productos aplicados”, “no se tiene en cuenta el problema de la pérdida de rentabilidad ante un eventual cambio en el modelo productivo”, “las alternativas de cambio son fundamentalistas”. Frente a esta clara estrategia de disuasión, los integrantes de La Minga apelaron a profundizar la discusión, evidenciando públicamente la defensa de los intereses de los productores por parte de los funcionarios estatales: “los productores no estaban ahí y el modelo se estaba defendiendo igual o mejor que si estuvieran los productores”. Hoy se encuentran sumando voluntades para realizar la propuesta de ordenanza, intentando superar las normas formales que existen para la participación popular en la tarea legislativa.
Barrio Ituzaingó Anexo: la denuncia de los efectos de los agrotóxicos y la complicidad de las instituciones estatales como genocidio encubierto.
“En el caso nuestro, se han violado los derechos humanos y lo que nosotros estamos pidiendo es un derecho a la salud, a la vida y a un medio ambiente sano, que son prácticamente, si vos te das cuenta, un derecho que tendríamos que tener todos y ahora no lo tenemos. Ellos con las fumigaciones, nos han fumigado con avionetas, no les importó la gente, nadie fue capaz de decir: No, hay un barrio cerca...no, si no salía la gente, si no salíamos nosotros a pelear esto todavía lo seguirían haciendo. Se frenaron gracias a la pelea. La organización surgió porque tuvimos que defendernos de algo que nos estaba dañando...” (5)
El colectivo “Madres de Barrio Ituzaingó Anexo de la ciudad de Córdoba”, surge hacia fines del 2001 tras percibir diversos y numerosos casos cáncer en el vecindario. Autoformándose en el tema y con el apoyo de grupos ambientalistas y de derechos humanos exigen a las autoridades que intervengan sobre distintos factores contaminantes: derrames de PCB de los transformadores de energía eléctrica, desechos industriales de fábricas automotrices en la zona, y puntualmente, la fumigación de los campos de soja transgénica colindantes a sus viviendas. La persistencia de las Madres convierte a su lucha en paradigmática para las movilizaciones de ciudadanos afectados por el uso de agrotóxicos en la producción sojera en todo el país y la región.
El nombre del colectivo, por un lado, evoca y se reconoce en la identidad de Madres de Plaza de Mayo, movimiento de Derechos Humanos que en Argentina surge frente a los asesinatos y desapariciones de la dictadura militar: “Sí, seguramente habían salido en defensa de sus derechos y había que callarlas de alguna manera, y a nosotros no nos han callado de esa forma drástica, que directamente te tiraban al río, a nosotros nos van callando de otra manera”. Por otro lado, la identidad refiere a la situación concreta de su lucha: “El vecino te podía decir: ‘yo a Ud. no la autoricé a decir o hacer tal cosa’. Como mamá, a mí nadie me puede cuestionar, si mi hijo está enfermo, si yo quiero denunciarlo, llevarlo a donde quiera, nadie. La defensa era como mamá...”
Las Madres hablan de “genocidio encubierto”, al igual que otros colectivos en el país, denuncian la connivencia del estado con la industria contaminante y la injusticia sistemática que padecen los reclamos de los afectados. La figura del genocidio también reenvía a la memoria de la dictadura: “Cuando teníamos que mandar el trabajo a Ecuador (para participar en el Informe Alternativo sobre la Salud en América Latina) hablamos de genocidio encubierto, como fue en la época de los militares, es un genocidio, están matando gente y ellos siguen actuando exactamente igual. Hay responsables, los que están en el poder son responsables, pero ellos se tiran la pelota: “Este problema es del gobierno anterior”. Otra forma de evadir el problema es referirlo a cuestiones de jurisdicción cuando las leyes definen competencias concurrentes y principalmente la implementación de respuestas tecnocráticas, una interminable sucesión de metodologías de investigación que luego de 7 años no llega a definir los hechos, si está o no contaminado el barrio y las responsabilidades correspondientes, es decir, impunidad. El análisis de estas estrategias, que hemos denominado de despojamiento de ciudadanía, nos ha llevado a diferenciarlas entre formas de menosprecio y formas de burocracia (Carrizo y Berger, 2009). Con ello pretendemos aportar a identificar las operaciones de denegación de razonabilidad, discriminación por género, etc., así como a los procedimientos utilizados por la administración de justicia y en el poder ejecutivo que se agotan en ritualismos y tecnocracia, diluyendo el contenido de justicia de las demandas por derechos.
Conclusiones
Las luchas de los afectados visibilizan el sesgo sistemático del estado, la no actuación de un poder de policía legislativo y administrativo que, mediante leyes y recursos institucionales, imponga límites y sanciones a las fumigaciones que afectan a la salud de la población. También visibilizan la inefectividad de un sistema de salud para ejercer la vigilancia y garantizar la asistencia a los afectados, con infraestructura, procedimientos administrativos y protocolos de intervención profesional para casos de malformaciones, plaguicidas en la sangre de niños, entre otros. Tal vez, como pocos, el clamor de los afectados alerta a la población sobre la urgencia de la auto organización para la defensa de derechos y la realización de la justicia ante la impunidad de agroproductores y funcionarios públicos.
La defensa de la vida, la salud y el ambiente como prácticas de la diversidad, ha surgido y se organiza en medio de los efectos y la violencia de un sistema de producción concentrado y tecnologizado, revitalizando el discurso de los derechos como una esfera de posibles formas de vida no centradas en la maximización de las ganancias y la destrucción del ambiente. www.ecoportal.net
Cecilia Carrizo y Mauricio Berger
Instituto de Investigación y Formación en Administración Pública- Universidad Nacional de Córdoba.
Notas
(2) Entrevista a Alicia Rópolo, integrante de la Agrupación Voz Ciudadana, mayo 2009.
(3) Idem nota 2.
(4) En marzo de 2008 el gobierno nacional decreta el aumento de las retenciones a la exportación de soja. Un amplio proceso de politización se desarrolló en el que el foco de la discusión fue la apropiación de la renta sojera. Los efectos ambientales y sanitarios de su producción fueron y son discursivamente utilizados por el gobierno, sin promover acciones reparadoras del daño ambiental tal como lo establece la Constitución Nacional.
(5) Entrevista a Madres de Barrio Ituzaingó Anexo, marzo 2006.
Bibliografía
Benhabib, Seyla (2005): Los derechos de los otros. Gedisa Editora, Buenos Aires.
CARRIZO, Cecilia y BERGER, Mauricio (2009): Estado incivil y ciudadanos sin estado. Paradojas del ejercicio de derechos en cuestiones ambientales. Narvaja Editor, Córdoba.
NAISHTAT, Francisco (2005): Problemas filosóficos en la acción individual y colectiva: una perspectiva pragmática. Prometeo Libros, Buenos Aires.
Soja transgénica y la ética de los científicos y los Ingenieros Agrónomos.

Por Alberto J. Lapolla(Ingeniero Agrónomo, genetista e historiador, Director del Instituto de Formación de la CMP)
Las 52 millones de Toneladas de soja transgénica y la ética de los científicos y los Ingenieros Agrónomos.

A Mariano Levin, in memorian

Lo peor, peor está.
Según todo indica la cosecha de sojaRR (transgénica-forrajera) de esta campaña 2009-2010, orillará las 52 millones de Tn, abarcando la friolera de 19 millones de has sembradas. Lo cual implica alrededor del 57 % de la producción total de granos y el 55% del área sembrada. Esto es, una profundización aun mayor del monocultivo sojero y del proceso de sojización. Proceso que pagamos destruyendo casi todas las demás actividades agrícolas y transformando a uno de los mejores ecosistemas del mundo para producir alimentos, en una factoría neocolonial de producción de 'pasto-soja', subsidiando la producción industrial de China, la India y la Unión Europea. Países que no desean producir materias primas a ser usadas en cadenas alimenticias secundarias, las que compran a países del Tercer Mundo (nosotros) mientras destinan todos sus recursos agrícolas a producir alimentos, sosteniendo su soberanía alimentaria, contrapartida de un proceso de industrialización exitoso, tal cual hicimos los argentinos entre 1945 y 1976. La Argentina por el contrario destina la mayor superficie posible de de su feraz pradera pampeana (más de 35 millones de hectáreas) a producir parte de la cadena alimenticia de otros países, ignorando o debilitando la nuestra. Nuestro vecino Brasil, y el propio Chile -a pesar de su modelo neocolonial- no actúan así. De tal forma la otrora famosa soberanía alimentaria argentina es hoy cosa del pasado. Hecho que puede comprobarse en el reciente desmedido aumento del precio de la carne, debido a la reducción constante del stock y de la superficie ganadera, que la sojización produce, expulsando la ganadería a regiones marginales de menor productividad. De tal forma, la ganadería perdió desde el inicio de la sojización la increíble cifra de 13.5 millones de has en Pampa húmeda y una cifra cercana a los 3 millones de cabezas por año, en las últimas cinco campañas, produciendo una drástica reducción del stock. Este proceso viene unido a la concentración de la producción de carne para el mercado interno en los feed-lots, que hoy concentran casi el 80% de la producción de carne para consumo interno. Carne 'chatarra' contaminada con antibióticos, anabólicos, hormonas, vacunas, funguicidas, y sobre todo con animales alimentados sin pasturas naturales, con alto nivel de granos, lo cual altera totalmente su composición nutricional, afectando la salud de la población que los consume. Es decir, la de la mayoría de los argentinos, pues los feed-lots producen 11 de los 14 millones de cabezas de ganado que se faenan por año. El resto son animales criados a campo con pasturas, que van a exportación o a cortes de alto precio. Lo mismo ocurre con las demás producciones desplazadas por la sojización, como la horticultura, la lechería, la fruticultura, la apicultura, y la producción familiar en general, lo cual ha afectado notoriamente los precios y la oferta -en cantidad y calidad- de frutas, verduras y lácteos. La producción familiar que debería ser la base de la recomposición de un modelo productivo, sano, solidario, democratizador, descentralizador y repoblador del campo argentino, y principalmente productor de alimentos, por el contrario es arrasada por las fumigaciones aéreas de glifosato -ya limitadas en los EE. UU., y Europa- y por los precios absurdos de la tierra sojizada. A esto hay que sumarle la depredación al ecosistema, la contaminación de napas, fuentes de agua, arroyos y ríos, la exportación masiva de nutrientes que supera holgadamente los 1500 millones de doláres por año. La absoluta destrucción del bosque nativo. La destrucción de fuentes de trabajo: la sojaRR crea 2 puestos de trabajo cada 1000 has y destruye 9 de cada 10, debido a su técnica de cultivo por Siembra Directa. Sumemos también la expulsión masiva de pequeños chacareros y arrendatarios y la expulsión de comunidades indígenas que los sojeros producen y la degradación del suelo que la repetición del ciclo continuado soja-trigo-soja produce. Sumemos la destrucción de la flora, la fauna, la microflora, la microfauna, y la disminución masiva de la Biodiversidad, que la sojización produce en forma permanente y continuada desde 1995. Dejamos para el final, porque lo trataremos aparte, los graves efectos sobre la salud humana que producen los más de 300 millones de litros de agrotóxicos fumigados por campaña sobre la pampa sojizada y la población que la habita. De tal forma, si uniéramos todos estos costos colaterales y estructurales (los sistemas agrícolas no son circuitos económicos cerrados sino abiertos) que la sojaRR produce a nuestra economía y que hemos abordado en otros artículos, sería poco lo que nos restarían de los aproximadamente 19 mil millones de dólares en bruto, que reportará la enorme cosecha sojera. Y esos costos en algún momento habrá que asumirlos pues año a año, iremos deteriorando nuestro ecosistema productivo, hasta acabar con el, sin posibilidad de retorno.
Lo más grave: contaminación al por mayor
Durante el conflicto agrario, la Presidenta de la nación pidió al Conicet un estudio sobre la toxicidad del glifosato. Tomado por sorpresa por la decisión, y porque los aliados sojeros, de golpe se habían transformado en feroces enemigos del gobierno, el Dr., Lino Barañao Ministro de Ciencia y Tecnología, pero hombre vinculado en forma directa a la industria biotecnológica multinacional, designó una comisión ad hocpor fuera de los concursos habituales para un estudio de esta complejidad. Y en particular eludió sumar voces u opiniones que pudieran contradecir lo expresado por la multinacional Monsanto en sus informes, que son la base de todo lo que se maneja sobre los efectos del glifosato, sobre plantas, suelo, ambiente y gente. Contraviniendo todos los estudios que se están publicando en el mundo y en nuestro propio país, como por ejemplo el informe del Dr., Andrés Carrasco, sobre el herbicida estrella del complejo sojero, el informe concluyó un galimatías político-científico (dos disciplinas que en general no se llevan bien) donde en una página se asegura que: 'bajo condiciones de uso responsable, entendiendo por ello las condiciones de uso autorizadas por las normas vigentes y cumpliendo con la adopción de buenas prácticas para su aplicación, el glifosato y sus formulados no implicarían riesgo para la salud humana o el ambiente.' Este párrafo es casi una obviedad que señalan todos los marbetes de agrotóxicos. Sin embargo,el informe no concluye en ninguna parte que el glifosato y sus formulados no implicarían riesgo para la salud humana y el ambiente. Pero dejando en claro las cosas (los científicos-políticos no son tontos) el informe termina señalando que 'en Argentina no existen suficientes datos sobre los efectos del glifosato en la salud humana, por lo cual sería importante promover la realización de los estudios pertinentes.' Es decir en realidad el grupo del Conicet concluye que los organismos técnico-científicos del Estado no saben nada, sobre los efectos que el principal agrotóxico del complejo sojero está produciendo sobre la salud y el ambiente de un área de más de 35 millones de hectáreas en el corazón productivo del país. Cabe aclarar que el informe del Conicet de fecha de julio de 2009, no fue especialmente imparcial. A su cargo estuvo el Ing. Claudio Ghersa que fue uno de los principales impulsores del modelo sojero a través del núcleo monsantiano de la Facultad de Agronomía de la UBA. Bajo la batuta del ex decano Fernando Vilella, Héctor Huergo (director de Clarín Rural y de Expoagro), el fallecido Héctor Ordoñez (creador de la idea de la 'Argentina verde y competitiva contra la inviable Argentina industrial'), la Nación Rural, la Bolsa de Cereales de Rosario y Aapresid, sumado a todo el Instituto de investigación al que pertenece Ghersa. Ellos establecieron una política de 'pensamiento único' respecto de la transgenia, la sojiziación y la Siembra Directa, que prácticamente ha anulado todo debate científico serio sobre la agronomía y las políticas agropecuarias en la FAUBA. Esta política ignoró, ocultó y reprimió, todo intento de estudio serio de control ambiental y agronómico sobre los efectos de la sojización en el ecosistema a que se aplicaba. Su responsabilidad crecerá con el tiempo y será éticamente ineludible, cuando, como ya está pasando, sea imposible ocultar los gravísimos daños que la lluvia permanente de agrotóxicos produce sobre la salud de la población argentina
Informe monsantiano
No sólo se ubicó como coordinador del equipo a un miembro del lobby monsantiano como el Ing. Ghersa, sino que el informe tomó como base de referencia a un trabajo norteamericano del año 2000, realizado por Gary Williams, Robert Kroes y Ian Munro. Olvidando señalar que dicho informe había sido patrocinado por la multinacional Monsanto. Es decir, Monsanto se investigó a sí misma y el Conicet usó sus 'estudios imparciales' para juzgar la toxicidad del producto que la multinacional comercializa. Como es lógico, el informe de Williams concluye en la total inocuidad del glifosato. De manera notable el Conicet no convocó siquiera como contraparte, a la gran cantidad de científicos que dentro de las estructuras académicas del país vienen trabajando hace tiempo por su cuenta, demostrando todo lo contrario: que el glifosato, sus coadyudantes y demás agrotóxicos del complejo sojero, son responsables de producir cáncer, malformaciones en los nacimientos, abortos espontáneos, lupus, leucemias, alergias, enfermedades respiratorias, intoxicaciones, dermatitis, y enfermedades crónicas por contacto.Enfermedades desconocidas en frecuencia y existencia, antes de la irrupción de la sojaRR en nuestras pampas. A pesar de todos estos estudios producidos en el país e informados a la comunidad científica local, no fueron convocados, ni el Dr Walter Pengue, ni el Dr Jorge Morello, ni el Dr Raul Montenegro (Premio Nóbel alternativo), ni el Dr Jorge Kaczewer, ni el Dr. Adolfo Boy, ni el Dr Andrés Carrasco, quien en 2009 confirmó, en la Argentina los estudios que viene realizando en Francia el equipo de Gilles-Eric Seralini, que demuelen la falsa inocuidad del glifosato. Tampoco fueron consultados los grupos de médicos que en todo el país están denunciando el aumento de casos de cáncer, nacimientos con malformaciones y abortos espontáneos provocados pro los agrotóxicos, tales como los Dres., Alejandro Oliva de Rosario, Darío Gianfelice de Paraná, Gómez de Maio de Posadas, o Jorge Lenzi, del Colegio Médico de Saladillo que encontró un incremento de más del 30% del cáncer colo-rectal desde la irrupción de la sojización en la zona. El Dr. Alejandro Oliva, Director de Andrología del hospital Italiano de Rosario coordinó un estudio multidisciplinario del cual participaron la FAA, el INTA, la UNR y el Colegio de Ing. Agrs., de Rosario. El estudio, abarcativo de toda la cuenca sojera central, demostró palmariamente la relación del glifosato y los agrotóxicos del complejo sojero con la propagación del cáncer en toda la región bajo estudio de Santa Fe y Córdoba. Llegando a comprobarse que la frecuencia de determinados tipos de cáncer era varias veces mayor en pequeños poblados del interior sojero que en las grandes ciudades, cuando hasta 1995, era exactamente al revés. Dicho estudio de gran importancia, no fue publicado en el país por presión del INTA y los gobiernos provinciales y debió ser publicado en la revista Cadernos de Saude Publica de Brasil, encontrándose un resumen en los archivos de la FAA. El Dr., Gómez de Maio, jefe del Departamento de Neonatología del Hospital Nacional de Posadas, Misiones, ha denunciado y publicado reiteradamente los efectos del glifosato y otros agrotóxicos en la producción de nacimientos con malformaciones, tumores y abortos espontáneos altamente superior a la media. En este caso se acumulan los efectos de la sojización y el uso del glifosato en la producción de tabaco. Los Dres., Darío Gianfelice y Mascheroni vienen denunciando desde hace años, el gran aumento de abortos espontáneos, cánceres, leucemias, malformaciones en los nacimientos de Entre Ríos y Santa Fe en zonas sometidas a los agrotóxicos del complejo sojero. Ninguno de ellos fue llamado a participar de la comisión ad hoc, ni siquiera a exponer sus razones. Tampoco lo fueron las Madres del Barrio Ituzaingó, en Córdoba que poseen casi 200 casos de cáncer sobre 4.000 habitantes, o de San Cristóbal o Mal Abrigo, en Santa Fe, que poseen uno de los porcentajes de malformaciones en los nacimientos más altos del país. Tampoco fueron convocados los vecinos de Loma Senés de Formosa que fueron fumigados en persona por productores sojeros y sufrieron todo tipo de enfermedades, lo cual valió un artículo de denuncia sobre la sojización en Argentina en la revista británica New Scientist (17-4-04). La UNLitoral encontró en 2006 que el 86% de las madres en lactancia poseían restos de agrotóxicos en la leche. La Maternidad Sardá de Buenos Aires encontró lo mismo pero la cifra subía 90.5%, por supuesto la comisión ad hoc ignoró estos datos.
Ciencia, glifosato, cáncer y enfermedad
Sin embargo, pese a la negativa del informe del Conicet y el ministro Barañao a reconocer lo que ya es más que obvio, en el resto del mundo -no atado a los poderosos intereses del rentismo sojero-monsantiano- los estudios, investigaciones y denuncias contra el glifosato y sus efectos cancerígenos, están cada vez más difundidos. En 2001 el Dr. Robert Bellé, Director del Centro Nacional de Investigaciones de Roscoff en Francia, determinó que el glifosato en su formulación como Round-up activa el mecanismo de 'check-point', que inhibe a la célula el cese de su reproducción. De seguir reproduciéndose indefinidamente puede transformarse en una masa tumoral, dando inicio al proceso de tumorización y finalmente al cáncer. Bellé dice que es una locura hacer fumigaciones aéreas de glifosato. En 2005, Marc et al., reportaron los mismos efectos encontrados por Bellé en ensayos sobreErizo de mar, la misma especie usada por Bellé, (publicado en Toxical Applicated Pharmacology). En 2006, el Dr., Dick Ralea de la Univ., de Pittsburg (USA) descubrió que la aplicación de Round-up sobre fuentes de agua con anfibios en desarrollo, destruía el 70% de la biodiversidad de anfibios y el 86% en renacuajos (¿Se acuerdan cuando los argentinos teníamos ranas y sapos?). En la misma línea pero en nuestro país, un estudio conjunto de la UBA y el Intech (Chascomús) encontró que el glifosato destruía y alteraba la flora y la fauna de las lagunas bonaerenses. (La Nación 17-3- 2008). Investigadores Oncológicos suecos informaron en el Journal of Amercian Cancer Society, una estrecha relación entre Linfoma No Hodgkin (un tipo de cáncer) y el glifosato. El grupo dirigido por Gilles-Eric Seralini, de la Univ., de Caen en Francia, a través de sucesivos informes en 2005, 2007 y 2009, ha demostrado que el Round-up a través de su surfactante POEA (Polietoxietielamina) produce la muerte de las células embrionarias, placentarias y del cordón umbilical, dando origen a malformaciones, teratogenésis y tumores. Sus trabajos fueron publicados por la revista Scientific American. Por último el Dr., Andrés Carrasco Director del Laboratorio de Embriología de UBA-Conicet, descubridor de los Genes Hox (que son los que determinan la morfogénesis en todos los vertebrados, razón por la cual en su momento se lo mencionó para un posible Premio Nóbel) informó en 2009, haber comprobado en ensayos realizados durante dos años, que el glifosato usado en dosis mucho menores a las de campo, y en diluciones similares a las que se encuentran en los cursos de agua como restos, produce malformaciones placentarias y embrionarias en una especie de anfibio llamada Xenopus laevis, alterando todo el proceso de morfogénesis del anfibio, proceso que a su vez es común a todos los vertebrados y por lo tanto común al ser humano Esta pequeña lista ilustrativa, demuestra que la supuesta inocuidad del glifosato es un cuento de Monsanto. Empresa acostumbrada a mentir hasta el final, y miembro del complejo militar-industrial norteamericano, autora del 'agente naranja' en Viet Nam, y que ya ha debido indemnizar con sumas millonarias a los afectados por el PCB, por el Agente naranja, por las dioxinas, y ahora lo está haciendo -pero en Estados Unidos- por los daños ocasionados por las fumigaciones aéreas de Round-up. Como siempre ocurrió con Monsanto o antes con las tabacaleras, 'científicos' de dudosa ética, negaron durante décadas mediante estudios fraguados, informes falseados, ocultamiento de información y especialmente no realizando los ensayos que había que realizar -'lo que no se investiga, no se conoce'. Sin embargo, finalmente fueron arrasados por estudios serios que demostraron la falsedad de los estudios de la empresa. Monsanto, terminó pagando sumas multimillonarias a los afectados, la mayoría de los cuales desgraciadamente ya no estaban para poder disfrutar ese dinero.
Salir de la Sojización
La Argentina es el país mas sojizado del mundo, la salud de nuestra población está siendo afectada de manera grave por el uso indiscriminado, irracional y abusivo de una masa de agrotóxicos que no tiene parangón en nuestra historia ambiental. Todo, para producir pasto-soja, que nuestra economía no necesita. ¿No sería más lógico plantearnos recuperar varios cientos de miles de productores perdidos -hoy solo restan menos de 330.000 de los 660.000 que supimos tener- y proponernos por ejemplo, en lugar de producir 100 millones de Tn., de commodities que no necesitamos, llegar a tener un millón de productores? Chacareros que realicen una producción limpia, basada en la elaboración de alimentos para nuestro pueblo, exportando el sobrante, que sin dudas sería enorme y multivariado, recuperando por ejemplo la producción de 'la mejor carne del mundo', que implica pastoreo a cielo abierto, en campos de buena calidad y rotaciones agrícola-ganaderas, que nos devolverían la fertilidad natural de nuestros suelos hoy dañados, casi sin gastar en fertilizantes. Debemos reforestar enormes superficies devastadas por la sojización, pero por sobre todo debemos distribuir tierra, quebrando el proceso de concentración descomunal de la propiedad, que se viene produciendo desde 1976. Seguramente los 19.000 millones de dólares que hoy estaría aportando la sojaRR -sin beneficio de inventario- serían superados por una producción mucho más variada y de mayor valor agregado, creando mucho más trabajo y afincamiento rural, en lugar de la expulsión actual. Pero por sobre todo estaríamos protegiendo a nuestro pueblo de una catástrofe anunciada y de una muerte lenta pero inexorable por vía de la contaminación cancerígena y teratogénica de los agrotóxicos, que hoy desparramamos alegremente sobre uno de los ecosistemas más feraces del planeta. Un proyecto nacional y popular requiere urgente otra política agropecuaria pensada para el desarrollo de la nación. Queda una pregunta para agrónomos, biólogos y genetistas propulsores de la transgenia masiva a ecosistema abierto. ¿Cómo se articula el Dogma Central, de 'un gen-una proteína', si hoy sabemos que el genoma humano posee alrededor de 25.000 genes, pero producimos más de 100.000 proteínas? ¿Nadie es capaz de preguntarse que algo anda mal en ese postulado?, y que en realidad como siempre pasa, la materia, la naturaleza y la vida, siempre son más complejas que lo que podemos entrever. Si a esta pregunta que posee una respuesta que Monsanto se niega a dar, le sumamos los más de 300 millones de litros de agrotóxicos fumigados por campaña sobre nuestros campos, tal vez los Ingenieros Agrónomos y científicos involucrados, deban reflexionar sobre lo que han aprendido como 'pensamiento único sojero y transgénico' y repensar si desean ser cómplices de la muerte lenta de nuestro pueblo o ayudar con sus conocimientos a su felicidad y grandeza.
Por primera vez, un fallo de Cámara limita el uso del glifosato
Un freno a los agroquímicos
Por Darío Aranda

La Justicia de Santa Fe dictó un fallo inédito, con posibles impactos en el modelo agropecuario de la Argentina, al dejar firme una sentencia que prohíbe las fumigaciones con glifosato en cercanías de zonas urbanas de la ciudad de San Jorge, en el oeste provincial. La medida fue decidida por la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial (Sala II) de Santa Fe, que dio otro paso inédito: ordenó que el gobierno de Santa Fe y la Universidad Nacional del Litoral (UNL) demuestren, en el lapso de seis meses, que los agroquímicos no son perjudiciales para la salud. De esta manera, por primera vez, se invirtió la carga de la prueba: era una regla que los vecinos y campesinos intoxicados tenían que demostrar las afecciones en la salud, pero ahora serán los impulsores del modelo de agronegocios quienes tendrán que demostrar la inocuidad de los químicos. Los jueces también marcaron jurisprudencia al invocar el principio precautorio: ante la posibilidad de perjuicio ambiental irremediable, es necesario tomar medidas protectoras. Los iniciadores de la causa, vecinos que sufrieron trastornos en la salud por las fumigaciones, ya solicitaron que la medida se extienda a toda la provincia. El glifosato es pilar fundamental del monocultivo de soja.
San Jorge es una ciudad de 25 mil habitantes, ubicada a 144 kilómetros de la capital provincial. Es una zona sojera por excelencia. Durante los últimos quince años creció al abrigo del monocultivo, la zona urbana se extendió y también los campos sembrados. El barrio Urquiza está en el margen del pueblo, es humilde, con viviendas aún sin terminar y fue durante una década lindero a campos de soja. Desde la casa de Viviana Peralta se ve el campo, y también los aviones fumigadores. Ella fue una de las impulsoras de la denuncia inicial, luego de que su hija Ailén, de sólo dos años, sufriera ahogos, intoxicación y un desmayo después de una fumigación.
En marzo de 2009, el juez Tristán Martínez –del Juzgado Civil, Comercial y Laboral Nº 11– hizo lugar a un amparo y ordenó la suspensión inmediata de las fumigaciones en adyacencias de la zona urbana de la ciudad, hasta que el Concejo Deliberante y el municipio se hicieran eco de la ley 11.273 (sancionada en 1995) y determinaran qué zonas pueden ser rociadas con agroquímicos.
Los productores, la Municipalidad y el gobierno provincial, mediante el Ministerio de Producción, apelaron la medida. Los tres jueces de la Cámara en lo Civil y Comercial de Santa Fe (Armando Drago, Enrique Müller y María Cristina de Césaris de Dos Santos Freire) confirmaron el fallo de primera instancia: prohibición total de fumigar con agroquímicos a menos de 800 metros de viviendas familiares (si el método utilizado es terrestre) y a 1500 metros (si la aspersión es mediante avionetas).
El inédito fallo, unánime, fue dictado en diciembre pasado, pero recién se conoció ahora. “Lo llamado a decidir (la prohibición) se desarrolla en un contexto difícil en donde juegan controversias científicas, intereses económicos, presiones y contrapresiones de orden político y empresario, riesgos reconocidos socialmente (...) que tienen la propiedad de transformar lo apolítico en político, desinformación interesada, descoordinación en la gestión pública, insolidaridad con los posibles afectados”, advierte la Justicia.
En las centenares de denuncias por contaminación e intoxicación, los afectados chocan en la Justicia con un pedido de difícil cumplimiento: son los mismos perjudicados (indígenas, campesinos y humildes habitantes periurbanos) quienes deben probar científicamente que los agroquímicos son perjudiciales.
La apelación del gobierno de Santa Fe se dirigió a ese punto débil. La provincia argumentó que la denuncia original (la acción de amparo) era inadecuada porque, antes de cualquier prohibición, se debía dar un debate amplio con demostraciones científicas que certifiquen los perjuicios sobre la salud y el ambiente. Pero la Justicia rechazó ese camino. “Me permito señalar enfáticamente que la cuestión no requiere de mayor amplitud en cuanto a ‘debate y prueba’. Se discute sobre actos que atentan contra el medio ambiente, repercutiendo de manera directa en la salud de los vecinos de la ciudad de San Jorge, lo que importa que existe un factor de urgencia que (debe) ser atendido”, sentenció la Cámara de Apelaciones.
Y, por primera vez en casos de agroquímicos, invirtió la carga de la prueba. No solicitó a las familias afectadas que probaran los males de los agroquímicos. Ordenó que el gobierno provincial, mediante el Ministerio de Producción, realice estudios junto a la Universidad Nacional del Litoral (UNL). En el término de seis meses deberá probar que los agroquímicos no afectan la salud y el ambiente. El juez de primera instancia Tristán Martínez recibió nuevamente la causa recién la semana pasada. Lo antes posible debe notificar a la provincia y la UNL. Cuando se cumpla el plazo de seis meses, el juez Martínez deberá decidir –estudio en mano– si revierte la medida, la mantiene o la profundiza.
El otro aspecto inédito del fallo es el uso del principio precautorio en lo que respecta a agroquímicos. La Ley Nacional del Ambiente define al principio precautorio en su artículo cuatro: “Cuando haya peligro de daño grave o irreversible, la ausencia de información o certeza científicas no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces, en función de los costos, para impedir la degradación del medio ambiente”. La Cámara de Apelaciones de Santa Fe lo utiliza como una de las bases de su fallo, enumera siete casos en los que fue implementado, destaca que se justifica su utilización cuando haya “falta de certidumbre científica y amenazada de daño al ambiente o la salud humana”, y toma como antecedente lo actuado por la Corte Suprema de Justicia de la Nación, máximo tribunal del país, en el freno a los desmontes en Salta (diciembre de 2008).
La Justicia de Santa Fe afirmó que la limitación en el uso del glifosato para la ciudad de San Jorge se fundamenta en “la incertidumbre científica acerca de los riesgos ambientales, la incidencia de la alteración seria del medio ambiente y la irreversibilidad que pueden provocar tales daños”, y explica que su medida se entiende en razón de “evitar un daño futuro, pero relativamente cierto y mensurable”. El fallo también se mete de lleno en la práctica común judicial: llama a fiscales y jueces que “repiensen que los avances tecnológicos no son poderes que se legitiman a sí mismos”.
En la sentencia, los tres jueces advierten que intervienen intereses sectoriales que no buscan identificar los riesgos reales sino defender sus propios roles en la cadena de agronegocios. Señala que los fumigadores sostienen que las contaminaciones se deben al mal uso (un argumento recurrente de las cámaras empresarias), advierte que las compañías productoras de agroquímicos “sostienen la atoxicidad con estudios encargadas por ellas mismas”, el Estado “pregona su preocupación por el medio ambiente, pero olvida que la mejor manera de comprometerse en el tema es efectuando los debidos controles” y evidencia la falta de solidaridad de los chacareros: “Sostienen que si los productos que aplican se encuentran autorizados, nadie puede endilgar acción antijurídica alguna, por lo que no puede impedírseles trabajar y producir”.
“Lo que se muestra claro es que las posiciones divergentes antes de disiparnos las dudas de utilización de los agroquímicos, sobre todo en zonas urbanas, las acrecientan porque todos conocen los potenciales riesgos de su utilización (...), la preeminencia no la tienen los intereses sectoriales de nadie sino que, por el contrario, la preeminencia está del lado de la salud pública y del medio ambiente”, sentenció la Justicia de Santa Fe y afirmó: “Frente a la existencia de la duda relevante, la aplicación del principio precautorio deviene ineludible, porque la sola existencia de los niños afectados (...) así lo determinan”.
El Centro de Protección a la Naturaleza (Cepronat), organización impulsora de la denuncia inicial, ya anunció que solicitará que la limitación del uso de glifosato se amplíe a toda la provincia. “La Justicia protegió a los habitantes de San Jorge hasta que se demuestre la supuesta inocuidad. Pedimos que se proteja al resto de los santafesinos. Si eso no sucede, habrá ciudadanos de primera, protegidos del uso de agroquímicos, y el resto de la provincia estará expuesto a químicos que están sospechados de afectar la salud y el ambiente.”
El Cepronat, que integra la campaña nacional “Paren de fumigar” –donde confluyen decenas de organizaciones sociales y pueblos fumigados–, instó a que el gobernador Hermes Binner escuchara el fallo judicial y extendiera la limitación para las fumigaciones. “Ante todo, el gobernador es médico, entiende que la salud debe anteceder a las actividades productivas”, afirmó Carlos Manessi, del Cepronat.
Este diario intentó dialogar con el gobernador, pero su vocero explicó que no hablará del tema y derivó las preguntas al Ministerio de Producción. Desde la cartera informaron que los funcionarios no harán declaraciones públicas hasta tanto no sean notificados por la Justicia.
Binner se graduó en Medicina en 1970, en la Universidad de Rosario. Entre otras especializaciones, según su curriculum vitae, focalizó su profesión en “salud pública”, que es un concepto social y político que (según la misma definición médica) está destinado a “mejorar la salud y mejorar la calidad de vida de las poblaciones mediante la promoción de salud, la prevención de enfermedades y la armonía con el ambiente”.

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Sábado, 13 de marzo de 2010
La Argentina sojera

“SE PIENSA QUE EL GLIFOSATO ES INOCUO Y QUE SE DEGRADA FACILMENTE, POR ELLO SE EMPLEA MUCHA MAS CANTIDAD QUE LA NECESARIA.”
Por Susana Gallardo
Centro de Divulgacion Cientifica, UBA

“Se piensa que el glifosato es inocuo y que se degrada fácilmente, por ello se emplea mucha más cantidad que la necesaria”, señala la doctora Haydée Pizarro, docente e investigadora de la FCEyN-UBA y del Conicet. Un efecto indeseado de la aplicación en exceso es que se están generando malezas resistentes, lo que lleva a los fabricantes a desarrollar formulaciones cada vez más potentes.
Si bien lo aconsejable, según el INTA, es emplear un litro del formulado por hectárea, “los productores confiesan que vierten entre 10 y 14 litros por hectárea”, según informa Pizarro. El formulado comercial (Round up, la marca registrada de la empresa Monsanto) contiene 48 por ciento del principio activo, y el resto, un compuesto que facilita la entrada del producto a la planta. En particular, se emplea uno que se conoce como POEA, que, según algunos estudios, puede ser más tóxico que el glifosato.
La doctora Pizarro, junto con el doctor Horacio Zagarese del Instituto Tecnológico de Chascomús (Intech) y el doctor Carlos Bonetto, del Instituto de Limnología de La Plata, determinaron que, en los cuerpos de agua, el glifosato produce una modificación de la comunidad de algas, ya que elimina a algunas de ellas, hace que otras aumenten y, además, se produce un incremento de fósforo en el agua, compuesto que forma parte de la propia molécula del glifosato. Los resultados acaban de publicarse en Ecotoxicology.
“La adición del formulado genera cambios significativos en la estructura y el funcionamiento de las comunidades de algas”, señala Pizarro, y destaca: “Tanto el fitoplancton como el perifiton conforman la base de la trama alimentaria acuática y, si hay alteraciones en estas comunidades, se generan efectos en los demás componentes del ecosistema, por ejemplo los peces”. El perifíton designa a aquellos organismos muy pequeños que se adhieren a las paredes o a otros sustratos presentes en los cuerpos de agua.
ALGAS RESISTENTES
Los experimentos fueron realizados en un predio del Intech, en Chascomús, en diez piletas construidas especialmente, de 25 metros cuadrados de superficie, que semejaban lagunas.
En cinco de esas piletas, los investigadores inocularon el formulado Round up para tener en el agua 8 miligramos de glifosato por litro, cantidad comparable con la que puede recibir una laguna en un ambiente natural, rodeado por cultivos, y adonde el viento puede transportar el herbicida desde las avionetas o los tractores que fumigan.
Al cabo de once días, los investigadores observaron que el herbicida en cuestión producía una gran mortandad de ciertas algas, pero un grupo en particular, las cianobacterias, hicieron frente al embate del herbicida. Estas últimas son resistentes a situaciones extremas, por ejemplo temperaturas muy altas o muy bajas, o falta de agua. De hecho, se las encuentra en los desiertos, así como en la Antártida.
Terminado el experimento, las piletas fueron vaciadas, pero en el fondo quedó el sedimento que se había formado. Al tiempo, los investigadores volvieron a llenar las piletas con agua limpia, con el fin de realizar un nuevo experimento. Pero, al cabo de unos meses, hallaron que en cinco de ellas el agua estaba turbia. Se habían puesto turbias, precisamente, las que habían recibido la aplicación de glifosato el año anterior.
“Fue un efecto impensado. El glifosato, con una sola inoculación un año atrás, se había unido a compuestos del suelo y, a largo plazo, había provocado la turbidez del agua”, destacó Pizarro.
LAS AGUAS BAJAN TURBIAS
“La turbidez del agua en las piletas se relaciona con una gran proliferación de algas debido al efecto a largo plazo del glifosato”, subrayó Pizarro. El herbicida contribuyó a aumentar la presencia de fósforo, que acelera el proceso de eutrofización, es decir, el aumento de materia orgánica en el agua. Este es un problema que afecta a las lagunas de la provincia de Buenos Aires y ello se debe, sobre todo, a la actividad agrícola.
“La gran mayoría de las lagunas pampeanas se encuentra hoy en un estado más turbio que el original. La eutrofización en ellas se ha incrementado en los últimos veinte años debido a la intensificación de la agricultura, que trajo aparejadas elevadas tasas de fertilización. Los excedentes de nutrientes terminan en los cuerpos de agua de la región e incrementan aún más su grado trófico”, explica el doctor Armando Resella, docente en la Facultad de Agronomía de la UBA, quien participó en un trabajo de relevamiento y estudio de las lagunas pampeanas.
A medida que una laguna se carga de nutrientes pasa por diferentes etapas, en que varía tanto la flora como la población de peces. “Si la carga de nutrientes y materia orgánica es muy elevada, la laguna puede pasar a un estado hipertrófico, en donde las condiciones ya no son viables para la continuidad de peces como el pejerrey. En estos cuerpos de agua sumamente turbios, con fondos sin oxígeno y de olor desagradable, son más frecuentes las floraciones de algas potencialmente tóxicas”, señala Rennella.
El nivel de eutrofización se vincula, por lo general, al uso de la tierra en la cuenca de drenaje de la laguna. “A mayor intensidad de uso de la tierra (urbanización, agricultura intensiva, ganadería en feed lot), mayor carga de nutrientes en el cuerpo de agua y por lo tanto mayor desarrollo del fitoplancton y mayor turbidez. Las causas principales son los fertilizantes utilizados en la agricultura y las descargas de desechos urbanos pobremente tratados”, recalca el investigador.
Cuando un cuerpo de agua se vuelve turbio y eutrófico, pueden aparecer algas nocivas para el hombre, como la Microcistis aeruginosa, una cianobacteria, que es tóxica para el hombre y los animales, y afecta principalmente al hígado. Esa alga no sólo resiste el efecto del herbicida, sino que, además, lo emplea como nutriente, por su alto contenido en fósforo.
“En nuestro trabajo el problema era el herbicida”, dijo Pizarro. Luego de haber observado que cinco de las piletas estaban turbias, los investigadores realizaron otro experimento, y agregaron glifosato a cinco de las piletas al azar, ya fueran turbias o claras. Luego colocaron distintos sustratos para que las poblaciones de algas se adhirieran a ellos. Y los retiraron a diferentes lapsos: a los 8, a los 14, a los 28 y a los 42 días. “Vimos que había una gran mortandad de varias especies de algas, principalmente diatomeas, mientras que a las otras algas, las cianobacterias, este herbicida no las había afectado. Donde no pusimos herbicida, las diatomeas crecieron.”
MAS ESTUDIOS
Ahora, los investigadores están trabajando con otro equipo de investigación de la FCEyN para determinar por qué se produce la mortandad de algas, y si la toxicidad proviene del principio activo del glifosato, del aditivo o de la mezcla de ambos.
Lo cierto es que los resultados obtenidos ponen en evidencia el efecto que el uso indiscriminado del glifosato puede tener sobre la calidad de las lagunas, que son fuente de agua dulce para el hombre, así como sobre la vida de los organismos que allí habitan y que se encuentran en la base de la cadena alimentaria.

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Hace mucho tiempo que venimos señalando que resulta necesario generar conciencia del daño ambiental, institucional, económico y social que está causando la minería a gran escala en nuestro país.

Prueba de ello es lo ocurrido en el reciente y publicitado cruce de los Andes, en la que se rindió homenaje a la proeza sanmartiniana, donde el gobernador de la provincia de San Juan, José Luis Gioja, fue acompañado con las banderas de Argentina, Chile y... Canadá (?): una descarada confesión sobre la vergonzosa subordinación a la corporación minera canadiense Barrick Gold, dueña de los emprendimientos extractivos Veladero y Pascua-Lama que se desarrollan en la provincia cuyana.

Triste parodia de la época colonial, el cruce contó también con la participación del embajador canadiense en la Argentina, Timothy Joseph Martin, casi un virrey controlando las actividades en sus territorios.

Pero el panorama no es nuevo, atento las añejas y peligrosas relaciones que existen entre encumbrados funcionarios nacionales y provinciales con esta poderosa empresa que incluso ha llegado a financiar eventos electorales de la fórmula presidencial Cristina-Cobos.

Acertadamente, se ha tildado al veto del ejecutivo nacional a la Ley de Protección de Glaciares, como el “veto de la Barrick Gold”, atento que dicha ley protegía los glaciares y el ambiente periglacial, donde la empresa se encuentra instalando la mina Pascua–Lama, ahora sin impedimento alguno. También recordamos la vinculación entre la Barrick y la empresa “Bentonita Santa Gema”, propiedad del senador nacional Cesar Rioja, dado que la compañía del hermano del gobernador sanjuanino se jactaba en su propia página web de ser proveedora de la multinacional minera, hecho que desencadenó la denuncia judicial de la Diputada Fernanda Reyes (Coalición Cívica-ARI) por el delito de “cohecho y tráfico de influencias”.

Quien también fue denunciado judicialmente por la referida diputada nacional por el delito de “negociaciones incompatibles con la función pública” es otro empresario minero: el Secretario de Minería de la Nación, Jorge Mayoral. De su investigación surgió que una empresa de propiedad del funcionario compartía directivos y dirección legal con la sede argentina de la multinacional Barrick Gold.

Ambas denuncias se encuentran actualmente en investigación en el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Nº 2, a cargo de Marcelo Martínez de Giorgi.

El emprendimiento binacional Pascua-Lama, vedette de la empresa canadiense, será un paraíso fiscal que no tiene antecedentes en ninguna parte del planeta. Ello, gracias al “Tratado sobre Integración y Complementación Minero Argentino-Chileno”, verdadero símbolo de entrega de soberanía a los negocios de la gran minería multinacional. Este Tratado permite a las multinacionales mineras la exploración y explotación de los recursos mineros existentes en las zonas cordilleranas sin ningún tipo de restricciones, otorgando facilitaciones fronterizas inéditas. Expresamente se encargaron de sortear cualquier impedimento que existiera en las legislaciones internas de los países, relativo a las zonas fronterizas calificadas como de seguridad nacional. Increíblemente, su ámbito de aplicación se monta sobre la frontera común y territorios adyacentes, configurando una unidad territorial y administrativa distinta -casi como un tercer país-, con normativa y fuerzas de seguridad propias, donde la frontera desaparece para los negocios mineros, con una autoridad supranacional a cargo.

En definitiva, se ha plantado una tercera bandera en la Cordillera Argentina-Chilena, y se lo ha hecho, paradójicamente, emulando la gesta libertadora.

Enrique Matías Viale
Presidente
Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas (AAdeAA)

Desenmascarando las mentiras de los transgénicos

"Los cultivos transgénicos no son una herramienta ni una estrategia tecnológica que permita aumentar la producción agrícola, ni de alimentos ni de otro tipo de producto. Por el contrario, los cultivos transgénicos están inevitablemente asociados a una disminución de la producción."
Presentación en la Audiencia “Los transgénicos nos roban el futuro”, Gudalajara, 2 de marzo de 2010
Desde la distancia, saludo a todas y todos. Agradezco sinceramente la oportunidad de participar en esta audiencia. Pido disculpas por no estar con ustedes personalmente, pero no pude viajar por razones de fuerza mayor. La audiencia que se desarrolla hoy y otras formas de movilización en defensa del maíz que ustedes están llevando a cabo no son importantes sólo para México, sino también para el resto de nuestros países. En nombre propio y de todos los compañeros y compañeras de mi organización, les deseamos el mejor de los éxitos y reiteramos nuestra disposición a ayudar este proceso tan valioso. Y por la oportunidad de participar, nuevamente muchísimas gracias.
Lo que quisiera hacer es presentar cinco puntos que creo que ayudan a construir un cuadro amplio que a su vez permita juzgar adecuadamente qué significa introducir maíz transgénico en México. Son cinco puntos que, por supuesto, deben ser complementados y serán complementados por los muchos otros elementos que serán escuchados por esta audiencia.
¿Cuáles son estos cinco puntos? El primero es que los cultivos transgénicos no son una herramienta ni una estrategia tecnológica que permita aumentar la producción agrícola, ni de alimentos ni de otro tipo de producto. Por el contrario, los cultivos transgénicos están inevitablemente asociados a una disminución de la producción. ¿Por qué? Porque las plantas transgénicas son plantas a las que se les obliga a producir sustancias extrañas, sustancias que normalmente no producirían. Para eso las plantas transgénicas le deben robar energía, agua y nutrientes a su producción normal y por ende terminan produciendo menos. En otras palabras, si comparamos un grupo de plantas con otro grupo de plantas con las mismas características, pero a las cuales se las ha convertido en transgénicas, las transgénicas producirán menos que las normales. Este es un fenómeno comprobado, no sólo a través de la experiencia de campo, sino también en ensayos de centros de investigación que indican que la disminución del rendimiento -al cual se le llama “brecha productiva”- es de al menos un 10%
La pregunta, entonces, es ¿por qué, si los cultivos transgénicos no aumentan la producción, se les está tratando de imponer con tanta fuerza? La respuesta es que los cultivos transgénicos tienen otros objetivos que para las empresas son muy importantes. Aquí mencionaré dos de ellos. El primero es maximizar las ganancias del puñado de empresas que hoy controlan las semillas transgénicas y la producción de agroquímicos. El segundo, muy ligado con el anterior, es pasar a ser parte de ese conjunto de medidas -técnicas, económicas, legales y políticas- que tienen como meta acabar con la producción independiente de alimentos; es decir, acabar con la producción que hacen campesinos, pescadores, pastores, pueblos indígenas y pequeños productores del mundo entero, para poner esa producción bajo el control de los grandes capitales.
¿Cómo esperan hacer esto? Primero, todos los cultivos transgénicos, sin excepción, están patentados o sujetos a alguna otra forma de propiedad intelectual. Por lo tanto, quienquiera que los use se verá obligado a comprar semillas año tras año. Y no sólo eso; además se verán obligados, mediante un contrato que deberán firmar al momento de comprar la semilla, a comprar un conjunto de agroquímicos, producidos la mayoría de ellos por las mismas empresas semilleras. Hoy día, por ejemplo, la mayoría de quienes cultivan transgénicos se ve obligados a utilizar glifosato, pero ya se están preparando otros transgénicos que obligarán a quienes los cultiven a comprar y utilizar además otros productos químicos. Entonces, los transgénicos son una herramienta diseñada y utilizada para expandir el mercado de las semillas y el mercado de los agroquímicos. Aquí estamos hablando de muchísimo dinero. Actualmente el mercado de las semillas es de alrededor de 20000 millones de dólares anuales y las empresas quieren llegar a al menos 40000 millones para el año 2020, y seguir creciendo después de eso. El mercado de los agroquímicos es aún más grande, tres o cuatro veces eso. Lo que no debemos olvidar es que si las empresas quieren vender todos los años 20000 millones de dólares adicionales sólo en semillas, significa que alguien deberá pagarles ese dinero. En los planes empresariales, ese “alguien” incluye a campesinos e indígenas.
Como decía, el segundo objetivo de los cultivos transgénicos es terminar con la producción independiente de alimentos. ¿Qué tiene que ver esto con todo lo que hemos hablado? Con los transgénicos los agricultores y campesinos se verán obligados a firmar contratos donde se comprometen a cultivar de la manera en que la empresa lo determine. La empresa determinará fecha de siembra, dosis de semilla, distancias entre surcos, labores de cultivos, qué agroquímicos usar, cuándo y en qué dosis, etc. De acuerdo a las leyes de propiedad intelectual, las empresas incluso tienen la posibilidad de fijar a quién se le va a vender el producto. La capacidad de decidir cómo cultivar, cuándo cultivar, qué cultivar, cómo cuidar el suelo o el agua al cultivar, cómo combatir las plagas o enfermedades, y las muchas otras capacidades necesarias para ser un buen cultivador, van a quedar eliminadas por contrato. A eso se le suma que será delito guardar o intercambiar semilla y que aumentarán los costos por la obligación de comprar esas mismas semillas y otros insumos. Lo que veremos entonces es la imposición de contratos que nos dirán que está bien no ser un cultivador libre, que está bien despreciar el conocimiento propio y someterse al de las empresas, que es un delito cuidar e intercambiar semillas, como los pueblos del mundo lo han hecho desde que hay agricultura, y que está bien obligar a campesinos y pueblos indígenas a endeudarse. Para las empresas el camino está claro: o logran obligar a los campesinos e indígenas del mundo a pagarles, o se les expulsa de la tierra para que los reemplacen grandes empresarios que sí pagarán. Y los cultivos transgénicos sirven para una y otra cosa.
Pero los transgénicos no actuarán por sí solos. Cada uno de estos elementos será reforzado por un conjunto de otras leyes y políticas que ya están en marcha. Son los programas tipo PROCEDE y PROCAMPO, o las leyes de semilla, las llamadas buenas prácticas agrícolas, los tratados de libre comercio que permiten que grandes capitales extranjeros compren millones de hectáreas en nuestros países, las normas de calidad que sólo benefician a los más grandes, y muchas más. Son un conjunto de leyes y políticas que si se imponen y tienen éxito, el resultado será campesinos y pequeños productores endeudados y dependientes, las condiciones exactas que han llevado a la expulsión desde la tierra a un número inmenso y creciente de comunidades indígenas y campesinas. Si los campesinos y pueblos indígenas desaparecen, lo que veremos es que las transnacionales no sólo controlarán las semillas, los agroquímicos y los fertilizantes, además controlarán la alimentación. Y ese es el mercado más grande del mundo, el más lucrativo y el más cautivo, por lo que controlarlo es hoy un objetivo central de los grandes capitales. Y en ese cuadro, los cultivos transgénicos encuadran perfectamente, son la herramienta perfecta para avanzar hacia los objetivos que las grandes empresas tienen. Por eso quieren imponerlos.
El segundo punto que quiero destacar es que la contaminación transgénica no es un accidente, no es un descuido de las empresas. Tampoco es un descuido de los campesinos o agricultores, como nos quieren hacer creer. La contaminación es un proceso impulsado deliberadamente por las empresas que controlan las semillas transgénicas.
¿Cuáles son los principales cultivos transgénicos hoy en día? Son principalmente cultivos asociados a la alimentación: maíz, soya, canola. Son tres cultivos que tienen un altísimo e inexorable poder de contaminación. El maíz -como todo el que lo siembra sabe- se puede cruzar a kilómetros de distancia con cualquier otra variedad de maíz. Al contaminar el maíz se contaminaron cientos de variedades y se contaminó toda la cadena agro-alimentaria industrial, porque el maíz lo comemos no sólo directamente, sino también como aceite y como azúcar. Por lo tanto, con el maíz se contaminó la alimentación de miles de millones de personas. La soya transgénica fue la herramienta que utilizaron las empresas para contaminar la alimentación animal y con ello los alimentos de origen animal, además de casi todo los alimentos procesados, que utilizan la soya como conservante. La soya contamina mucho menos que el maíz en el campo, pero su poder de contaminación de los alimentos es posiblemente mucho mayor, y seguirá creciendo en la medida que la alimentación sea cada vez más procesada y controlada por la industria procesadora . La canola también sirvió para contaminar la alimentación animal y los aceites. Este es otro cultivo que se puede cruzar a grandes distancias, pero no se cruza sólo con otras variedades de canola, sino con una larga lista de otras plantas, desde hortalizas como la coliflor o el repollo, hasta plantas silvestres como la mostaza silvestre. Al contaminar la canola, se perdieron diversas variedades de canola no transgénica y se contaminaron de manera invisible cultivos que comemos tranquilamente como naturales.
Si las empresas biotecnológicas hubiesen querido evitar la contaminación transgénica, lo último que habrían hecho habría sido elegir el maíz, la soya y la canola. Ni el más mediocre o ignorante de los genetistas, biólogos, agrónomos o biotecnológos puede desconocer el alto poder contaminante de estos tres cultivos. Por lo tanto, la contaminación es una estrategia deliberada, y lo es porque quieren imponer la contaminación de hecho. Su objetivo es causar una contaminación tan alta que puedan decir que ya no hay nada que hacer. Fue la estrategia que siguieron en los países del Cono Sur y es lo que quieren hacer en México. En México se encontraron con que no es tan fácil contaminar mediante la introducción ilegal de semillas, como lo hicieron en Brasil y Paraguay, porque ha habido una reacción desde las comunidades y desde quienes cultivan el maíz propio, que ha impedido que la contaminación se esparza como fuego. Por lo mismo, necesitan introducir el maíz transgénico de manera legal para hacerlo de manera masiva.
Pero la contaminación no es utilizada sólo para vencer la resistencia. Es además parte de una estrategia altamente perversa: las empresas semilleras contaminan a través de los cultivos transgénicos y una vez que contaminan no piden disculpas, no remedian la situación, ni pagan indemnización, sino que dicen que ese cultivo contaminado les pertenece, al menos en parte. Y como una parte es de las empresas, las empresas deciden que quien fue contaminado no puede seguir cultivando esa semilla, a no ser que pague por el permiso. En otras palabras, mediante la contaminación, las empresas pueden obligar a que la gente pague por sembrar las semillas que ha cultivado toda su vida o pueden obligarles a abandonar sus cultivos. Es así que los cultivos transgénicos se convierten en una herramienta para arruinar los cultivos no transgénicos y reclamar propiedad sobre ellos. Es lo que están haciendo en Estados Unidos y Canadá, donde hay miles de agricultores sometidos a juicio o demandados por las empresas. Este es un peligro que hoy se cierne sobre todos los agricultores; el peligro es incluso mayor para los que se resisten a los transgénicos, pero que están en las cercanías de ellos. En el caso del maíz, debido a su capacidad para cruzarse ampliamente, “estar cerca” bien puede significar todo el territorio mexicano.
Un tercer punto que quisiera presentar es que la liberación de cultivos transgénicos es el equivalente a contaminar el mundo y especialmente nuestra alimentación con una cantidad creciente de sustancias químicas desconocidas. Es una cantidad creciente, porque la contaminación se multiplica, porque esas sustancias extrañas que las plantas se verán obligadas a producir irán en aumento en la medida que más plantas se contaminen. Si los transgénicos se imponen tendremos una cantidad incalculable -en el sentido que no sabremos qué cantidad será- de sustancias químicas desconocidas y no sabemos qué efectos esas sustancias tendrán sobre otros seres vivos, sobre la naturaleza, o sobre nosotros mismos. Hoy sabemos muy poco sobre los efectos de los cultivos transgénicos, no sabemos qué hacen esas sustancias extrañas y menos sabemos sobre cómo interactúa cada una de esas sustancias extrañas con cada cultivo transgénico. Es posible que comer soya resistente al glifosato cause un efecto muy distinto a comer maíz resistente al glifosato, pero no lo sabemos. Y no lo sabemos porque las empresas que producen semillas transgénicas han utilizado todo su poder y riqueza para amenazar, amedrentar, perseguir y marginar a los científicos que se han atrevido a investigar al respecto, incluso arruinando las carreras de científicos respetados. Y esta represión agresiva y violenta la han desplegado con la complicidad de los gobiernos, las universidades, los centros de investigación, los organismos públicos y los organismos internacionales.
Lo poco que sí sabemos acerca de los efectos de los transgénicos es aterrador. Ver las deformaciones del maíz en zonas donde hay contaminación transgénica asustan y hacen que duela el alma. Lo poco que se ha logrado filtrar de los resultados de investigaciones muestra que el consumo de transgénicos altera significativamente el desarrollo y la reproducción. Años atrás supimos de la ocurrencia de falsos embarazos en marranas alimentadas con transgénicos. Supimos que las bacterias de nuestros intestinos -las que nos ayudan a digerir y a mantenernos sanos- sufren transformaciones cuando comemos transgénicos. Pero a todo rápidamente se le echa tierra y el objetivo es mantenernos en la ignorancia. Es una ignorancia criminal, porque cuando descubramos cuáles son los efectos reales de los transgénicos, también descubriremos que absolutamente todos y toda la vida sobre el planeta nos hemos convertido en conejillos de indias.
Un cuarto punto muy relacionado con el anterior es que todo esto de maximizar las ganancias y lanzar al mundo sustancias desconocidas de manera irresponsable y criminal es una estrategia que no tiene límite . De hecho, hoy se está preparando un paso más de esta estrategia. Ese paso es la producción mediante cultivos transgénicos de sustancias de todo tipo: toxinas, hormonas, vacunas, solventes, plásticos, pinturas, pegamentos, drogas, etc. En vez de producirlos en un laboratorio mediante síntesis química, se utilizarán cultivos transgénicos que serán altamente tóxicos. Son los llamados farmacultivos, que hoy son parte central de las estrategias de desarrollo de las empresas que producen transgénicos, incluidos Bayer, Monsanto y Syngenta. Los peligros de estos cultivos son obvios, pero las empresas tienen la complicidad de organismos como la FAO, que en la conferencia que está desarrollando en Guadalajara los presenta como una gran “oportunidad”.
Los farmacultivos van a ser plantados especialmente en países como los nuestros, donde los gobiernos se han convertido en grandes aliados de las transnacionales, donde las regulaciones son pocas y donde la diferenciación social hacen muy difícil procesos de defensa mediante cursos legales. Seremos el espacio de contaminación que las transnacionales necesitan para seguir llenando sus bolsillos.
Pero los farmacultivos sí son una gran oportunidad de negocios y de marginar a campesinos y pueblos indígenas. Como serán cultivos de mucho valor económico y altamente tóxicos, deberán mantenerse bajo estricta vigilancia policial. Las leyes que hoy se están aprobando en distintos países especialmente para los transgénicos permitirán que esa policía sea privada, en manos de las empresas o de contratistas privados. Lo previsible es que nos encontraremos con áreas donde se le permita a las empresas instalar estos cultivos de manera exclusiva y donde -supuestamente para proteger nuestra alimentación- se prohíba cultivar alimentos. Las comunidades rurales de esas zonas tendrán que elegir entre cultivar alimentos clandestinamente, convertirse en mano de obra barata para las empresas de transgénicos o abandonar la tierra. Las posibilidades de conflictos sociales crecientes son altas y por ende las posibilidades de pasar del control policial al militar son también altas. La idea de que el ejército o empresas como Blackwater se desplieguen para cuidar zonas exclusivas para ciertos cultivos transgénicos dejó de ser impensable o absurda. Con o sin control militar, estas zonas causarán inevitablemente contaminación en las zonas que las rodeen, lo que posiblemente será utilizado para expandir las zonas con farmocultivos, y expandir así la expulsión de campesinos, la prohibición de producir alimentos y el control por las empresas.
El quinto y último punto que quisiera presentar es que dentro de todo este cuadro México no es un caso único. Lo que aquí sucede está sucediendo en todo el mundo. Las diversas leyes, políticas y programas que hoy buscan debilitar, destruir, marginar o arrinconar a comunidades indígenas y campesinas son casi idénticas de un país a otro. Los políticos que aprueban estas leyes o aplican estas políticas ni siquiera se dan el trabajo de redactarlas o diseñarlas ellos mismos; en la inmensa mayoría de los casos reciben los textos listos de las organizaciones empresariales o de organismos como el Banco Mundial, la FAO , la OMPI, o los equipos negociadores de los tratados de libre comercio. Más y más estamos viendo leyes en un país que son idénticas a las de otro país, con las mismas palabras y los mismos conceptos.
Los procesos de contaminación también tienen muchas similitudes de un país a otro. Lo que hace distinto a México es que la contaminación no se expandió tan fuerte y tan rápido como ha ocurrido en otros países. Y por ello México es un caso de prueba para las empresas biotecnológicas: si pueden contaminar México, el mensaje será que pueden contaminar cualquier cosa. Si logran destruir un cultivo que es sagrado para tantos pueblos, si lograr pasar por alto la resistencia que los pueblos de México han desplegado, entonces se atreverán con cualquier otro. Por esto decía en un principio que esta audiencia y los procesos en defensa del maíz son importantes no sólo para México, sino para todos nuestros países.
Si tienen éxito, una vez que ocurrida la contaminación, seguirán con estrategias y discursos múltiples, incluso contradictorios. Dirán, por ejemplo “¿Vieron? Se contaminó y no pasó nada”. Esto es un absurdo, puesto que los efectos de la contaminación no necesariamente los veremos de inmediato: podrían pasar años antes que viéramos que pasa “algo”, pero el daño se estará produciendo desde el primer momento. Un segundo discurso que han usado en otros lados y utilizarán es México es “tienen razón, la contaminación puede ser gravísima y habrá que controlar fuertemente las semillas y la producción”. Para ello se implementarán programas como la recolección de semillas para ponerlas en bancos de germoplasma y/o programas de uso obligado de semillas certificadas compradas a las grandes empresas. El tercer discurso es que los campesinos y pueblos indígenas, producto de su ignorancia, son incapaces de seguir las normas técnicas destinadas a evitar la contaminación transgénica. Es decir, las empresas causarán la contaminación, pero dirán que los campesinos son incapaces de evitarla. Y en base a ello justificarán la imposición de reglas y controles muy estrictos. Habrá reglas y leyes que digan qué se puede cultivar, cómo se puede cultivar, cuándo cultivar, qué semillas se prohíben y qué semillas se pueden utilizar. Por sobre todo, habrá leyes que prohíban o restrinjan el intercambio de semillas con el pretexto que la ignorancia de pueblos campesinos e indígenas hará que los intercambios sólo sirvan para expandir la contaminación.
Usarán estos discursos y muchos otros, muchas veces contradictorios entre ellos. Pero el efecto buscado es el mismo: destruir las semillas y los cultivos locales y las formas independientes y propias de cultivar, para imponer sobre la producción de alimentos el control empresarial total.
Resumiendo, los cultivos transgénicos no traen beneficio alguno, sólo costos y destrucción que caerán sobre los hombros de campesinos e indígenas y sobre los seres vivos en general. Las empresas buscan imponerlos para maximizar sus ganancias y su control sobre la alimentación, sin importarles los daños criminales que con ello provocarán. La complicidad de muchos gobiernos, centros de investigación y organismos internacionales es también criminal, ya que facilita y agrava estos peligros. Por lo mismo, se hace urgente que los pueblos se organicen para defender su alimentación y su entorno.
Camila Montecinos, GRAIN

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Encuentro Ecologista: "Es una batalla cultural que tenemos que dar en todos los ámbitos"
Sábado, 20 de Febrero Saladillo - Información General


Desde ayer y hasta mañana varias organizaciones ambientalistas se reúnen en Cazón para discutir problemáticas comunes y definir acciones conjuntas. Participa gente de Balcarce, Los Toldos, Cañuelas, Vicente López y 25 de Mayo, entre otras localidades.

"Es un orgullo para nosotros haber pensado esto y mucho más haberlo concretado, gracias a la presencia de los amigos con quienes nos conocemos a través de la red y ahora nos vemos las caras y sabemos para qué lado pateamos", expresó Alberto Aguirre de ECOS Saladillo. Además, explicó que la temática del encuentro tiene que ver con cuestiones ambientales, "cada cual presenta su visión y entre todos vamos a tratar acciones programáticas comunes ante problemas comunes, y formar una red de organizaciones ecologistas en la provincia para actuar de manera conjunta. Este es un primer encuentro, hoy vamos a hablar sobre el próximo".

Asimismo, Aguirre señaló que el debate se da cotidianamente en la ciudad, "en la puerta del supermercado y la carnicería, y así seguirá siendo. Me alegra que hayan venido algunos funcionarios, no sólo de Saladillo, y es bueno que escuchen los reclamos generalizados, al menos que los escuchen. Estamos en carrera", finalizó.
Junto a Aguirre, estuvieron Luis Fallet de 25 de Mayo, Pablo Arias de Cañuelas, Margot Goicochea de Los Toldos, y Juan Carlos Poblét de Balcarce, quienes dieron a conocer las problemáticas de sus localidades.
Fallet expresó, "nos juntamos porque los problemas son comunes, con diversas gravedades. La contaminación, feed lot, residuos, forestación. En este momento el tema de las cloacas en 25 es bastante grave. Estamos haciendo estudios para que se hagan las cosas como corresponde y no se continúe contaminando. El tema de la poda también es importantísimo. Hay leyes, en la poda, por ejemplo, pero en 25 hay una ordenanza que vulnera la ley provincial. Es difícil acceder a discutir con quienes tienen decisión. Están en juego las presiones y decisiones políticas".
"Hay que generar conciencia en la gente que uno tiene cercana, para que cada vez seamos más los que trabajamos en estos temas, que nos perjudican a todos. Si no tomamos conciencia iremos por mal camino. Seguiremos luchando, hay batallas perdidas pero tenemos que seguir. Trabajar mucho en la concientización. Hay desconocimeitno del riesgo real".
Goicochea, de Los Toldos indicó que en su ciudad hacen hincapié en la fumigación porque la gravedad de sus consecuencias, afectando la salud y los alimentos. "Hay una ordenanza hace dos años pero no se aplica. Permite la fumigación a 2 km en avión y por vía terrestre a 500 metros. Además, los terrenos, las veredas, cerca de la plaza se fumigan con glifosato. Todo se fumiga con glifosato. Todos esos productos son tóxicos, no se puede hablar de remedios. Inclusive los fertilizantes, que contaminan terriblemente las napas".
Por su parte, Arias, de Cañuelas explicó que, "es muy difícil desde la política, fui concejal y no pudimos concretar la ordenanza de agrotoxicos. Tenemos un enfrentamiento con la Sociedad Rural, porque nos llevaron para atrás una ordenanza. Nosotros elaboramos durante nueve meses una ordenanza y a la hora de votarla quedé sólo, ahora está en comisión. Lo que proponemos es 2.000 metros, 20 cuadras sin veneno. No solamente en la zona urbana, sino también en las escuelas rurales, que hay sólo cién metros. Tenemos muchas enfermedades, muchas denuncias corroboradas, donde hay casos de cáncer por fumigación con glifosato. Hay intención del intendente de mejorar esto, pero hay mucha presión de la Rural, la misma de todo el país, que reivindicó a Martínez de Hoz, que tiró la leche, que hizo el lock out. Lo que más nos preocupa es que se nos enferman los pibes".
Por último, Poblét sostuvo que, "estamos en medio de un modelo de producción absolutamente insustentable. El monocultivo transgénico de la soja es un disparate desde lo técnico, ético, ambiental, y es un negocio montado por Monsanto, que genera modificaciones genéticas riesgosas para aumentar la venta del glifosato, al que ha presentado como un producto inócuo. Asistimos al modelo capitalista en su máxima expresión, atendiendo a la maximización de los beneficios sin contemplar cuestiones éticas ni solidarias. Lo primero que hizo es envenenar la gente, los suelos, provocar los amontonammientos de vacas, criándolas comiendo porquerías y contaminando. El tema central es un problema de creencias que guían las conductas. Estamos ante un problema global, ¿qué podemos hacer nosotros? Ahí está la esperanza y las posibilidades concretas. Todas las personas tienen que asumir su responsabilidad como ciudadanos y comprender la complejidad de estos problemas, debatir y modificar. Las comunidades y no los grupos empresarios tienen que decidir los rumbos. Los adultos tenemos que aprender. Estamos sólos, cada uno en su lugar, perdidos. Hay que encontrarse y eso genera un nivel de potencialidad superior y acciones concretas. Deberíamos preguntarnos qué modelo de sociedad queremos. Es una falacia que se trabaja en la producción de alimentos por el hambre en el mundo. El problema no es la falta, sino el valor. Es una batalla cultural que tenemos que dar en todos los ámbitos".


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SE DESARROLLA EN SALADILLO EL PRIMER ENCUENTRO REGIONAL ECOLOGISTA Notas con fotos

Iniciadas las actividades ayer, sigue hoy y mañana desarrollándose el 1° Encuentro Regional Ecologista en la Base de Campamentos del Vivero Municipal de Cazón con el objeto de tratar los problemas comunes a la región y avanzar en la organización de una red regional de organizaciones ecologistas. Dialogamos con algunos de los asistentes.
Alberto Aguirre, miembro del grupo ECOS de Saladillo, dijo que para ellos es un orgullo haber pensado este encuentro y poder concretarlo. Explicó que se trataron todos temas ambientales, presentando cada uno la problemática local, para llevar adelante acciones programáticas comunes, para problemas comunes, con el fin de lograr la formación de una red de organizaciones ecologistas. Dijo que se trata de un primer encuentro con la idea de continuidad. Se mostró conforme con la presencia de funcionarios.

Luis Fallet, de 25 de Mayo, expresó que se juntan porque los problemas son comunes: feed lots, deforestación, fumigaciones, ec. Dijo que en 25 de Mayo, una de las problemáticas importantes, son las cloacas y la contaminación aguas abajo. Destacó como otro problema importante la poda y extracción de árboles. Agregó que en varias cuestiones existen leyes pero no se respetan.
Dijo que es muy difícil llegar a las altas esferas para debatir estas cuestiones pero que es necesario ir generando conciencia, empezando en las personas más cercanas a uno y fundamentalmente trabajar en la educación de los chicos.
Agregó que en muchos productores hay desconocimiento ya que se los ve muchas veces fumigando sin ningún tipo de protección.

Margot Goycochea, de Los Toldos, miembro del Foro Ambiental de General Viamonte, dijo que hacen hincapié en la fumigación dado que lo consideran uno de los problemas más graves y que existe una ordenanza, similar a la de Saladillo, pero que nos se cumple. “A todo se le pone glifosato” expresó, a la vez que dijo que también los fertilizantes están contaminando las napas y que si bien la gente se queja y se hacen denuncias, no hay respuestas.

Juan Carlos Poulet, manifestó que estamos en medio de un modelo de producción que es insustentable dado que el monocultivo transgénico de la soja, es un disparate desde el punto de vista técnico, ético, ambiental y “es todo un negocio, montado por Monsanto, que genera modificaciones genéticas riesgosas para aumentar la venta del glifosato. Que ha presentado como un producto inocuo y que en algunos países le ha llevado a perder juicios a partir de demostrar la falsedad de las publicidades que realiza.”
Agregó que este modelo agroindustrial es el capitalismo en su máxima expresión y ha envenenado a la gente que vive en esos lugares, ha expulsado a la familia rural y degradado los suelos. Se mostró esperanzado de poder ir encontrando respuestas locales a estos problemas globales. Que las comunidades se movilicen.
Destacó que es una batalla cultural que hay que dar en todos los ámbitos, en forma racional, firme pero serena, fundamentada, debatiendo.

Pablo Arias, enfermero especialista en salud pública de Cañuelas, explicó que en su ciudad, siendo concejal, no pudieron aprobar una ordenanza sobre agrotóxicos, ya que sus colegas votaron todos por seguir discutiendo. Dijo que la situación en Cañuelas es complicada, que existe mucha presión de la Sociedad Rural que ha comprado espacios en los medios para minimizar sus reclamos. Criticó que, por ejemplo, la escuela agrotécnica Don Bosco de esa localidad, fumiga con glifosato y utiliza los recipientes como cestos de basura “fijate qué escuela tenemos” sentenció. Dijo que lo que más les interesa es que día a día se están enfermando las personas.

Primer Encuentro Regional Ecologista en Cazón
Estremecedores relatos y drama de afectados por el arsénico en el agua

Finaliza en la mañana de este domingo el Primer Encuentro Regional Ecologista, organizado por el grupo ECOS. Con un extenso temario, participaron delegaciones de la región y provinciales. Fumigaciones, a cargo de Rosa Margarita Goycochea, del Foro Ambiental de Los Toldos; Fumigaciones, Feed lot Carne de Feed lot, por el ingeniero agrónomo Gabriel Arisnabarreta del grupo ECOS de Saladillo. | Recurso Agua, a cargo de Santiago Zaratiegui, concejal de Pehuajó; Calidad de agua; arsénico, a cargo de Guillermo Hough, de 9 de Julio y acuíferos, con exposición del licenciado Pablo Zarragoicoechea, de ECOS de Saladillo, fueron algunas de las cuestiones abordadas. Hubo estremecedores relatos por parte de vecinos y vecinas de Pehuajó, enfermos por el consumo de agua con elevados niveles de arsénico, que causaron estupor a los presentes, al margen de la justificada preocupación. Hubo espacio para compartir un asado el sábado por la noche y también música y actuaciones de alumnos de la Escuela de Estética de nuestra ciudad. El cierre está previsto para el mediodía de hoy. (Ampliaremos) | MAÑANA: ARSÉNICO: VIVIR ESPERANDO LA MUERTE: Impactante relato de enfermos crónicos y terminales

Una enferma crónica intoxicada con arsénico

“Mi destino es morir de cáncer”

Durante las jornadas realizadas en la Base de campamento de Cazón, organizada por el grupo ECOS, visitaron el lugar varios vecinos de Pehuajó, algunos de ellos con diagnósticos de intoxicación por arsénico en agua. Pablo Zarragoicoechea los presentó e indicó que “la idea es charlar sobre los problemas que tienen tres amigos de Pehuajó con serios problemas de salud. María de los Ángeles; María del Carmen y Juan Carlos. Ellos vinieron para escuchar las disertaciones y para presentar su problemática que deviene del agua contaminada con arsénico en Pehuajó, provincia de Buenos Aires. Me he quedado helado al escucharlos.” Por su parte, María de los Ángeles Ruiz, expresó que “tengo una grave intoxicación por arsénico. Soy una enferma crónica. Los enfermos crónicos se mueren de cáncer y los agudos viven toda la vida enfermos. Tengo 90.8 de arsénico en mi cuerpo. En el año 2000 empecé con dolores de cuerpo y las articulaciones. Empecé a recorrer hospitales y en ninguno encontré respuesta”.